miércoles, junio 14, 2006

MI ESPERANZA


Si escribo versos hoy…
Lo hago meditando en mis pasados
Salpicados por la hiel envenenada
De la lanza traspasando mi costado

Tengo miedo de aquello lo guardado
Que podría parir más desventuras
No que no pueda engendrar de mis maldades
Toda alma fragmenta es agua obscura

Temo nunca poder expulsar
La hiel empapada de malicia
Que en los años de entrega penetraron
Reclamando la obediencia sin medida

Detengo el avance que desgarra
La pureza por mis labios sostenida
El abrazo fuerte con ternura
La sonrisa en mis ojos florecida

Si escribo versos hoy…
Quiero que sean, del amor que aun llevo dentro
Del destello de fugaces luminarias
De la mirada que aun deshoja tú silencio

Del futuro que camino con orgullo
De triunfos sin rendirme al desconcierto
Del bálsamo amoroso de tus manos
Que suaviza aromática en ungüento

Los versos salen del alma
Donde se asientan todas las vidas
Las pasadas las presentes las futuras
Las latentes las profanas las vividas

Son el Sol que en su sonrisa
De mi pecho la pureza lanza el brillo
Que sostiene en mi vida día a día
La esperanza de caer en ti rendido

domingo, junio 11, 2006

LA LAGRIMA PERFECTA


La lagrima perfecta a punto de caer…
Limpiando sentimientos
Difícil de entender

Limpiando canales en el tiempo
Visiones turbulentas
Razones olvidadas
Heridas ya secadas

No lloro con tristeza
La sal ya no lastima
Comparada con la sangre
Que derramo mi herida

Corazones divididos
En rasguño intencional
¿Por que?… no contestados
Partida sin final

La lagrima perfecta a punto de caer…
Devolverá a mis letras
Un nuevo amanecer

sábado, junio 03, 2006

COMO EL AGUILA


Las águilas cuando al pasar los aňos se sienten cansadas, remontan el vuelo hasta alcanzar la montaña más alta. Allí con su pico comienzan arrancar sus plumas ya deterioradas, se las arrancan todas a pesar del dolor que este proceso produce. Luego golpean con fuerza su pico y sus garras sobre la roca hasta quebrarlas.

Así quedan ensangrentadas, dolidas e indefensas en lo alto de la montaña. A los pocos días empiezan a crecerle nuevas plumas, nuevo pico y nuevas garras, más bellas, más relucientes, más fuertes.

Cuando bajan de la montana lo hacen rejuvenecidas con mas vitalidad, con mas juventud que nunca, y esparcen sus alas en toda su poderosa fuerza, belleza y extensión.


No importa lo cansado que podamos estar.
A pesar del dolor más profundo.
Cuando hemos perdido todo lo que teníamos, todo lo que éramos.

En la soledad de la altura, donde el silencio es un silbido apacible, no un viento recio, no un fuego que arrasa.

Allí podemos renovar nuestras fuerzas, descubrir que todavía hay hermosura en nuestro interior.
Y entender que el mundo ni siquiera se imagina de lo que somos todavía capaces de dar.